La isla se levanta sobre una gran plataforma submarina que surgió por la sucesiva erupción de tres volcanes, que conforman los vértices de su particular forma triangular de 180 km2. de superficie.
La localización estratégica de la isla la convierte en el principal punto de conexión y puerta de entrada de los países del Pacífico Oriente, permite, al mismo tiempo, ser un importante centro para investigaciones climáticas, oceánicas y aeroespaciales.
Mito y realidad se confunden en Rapa Nui, es un recurso arqueológico de importancia mundial por el misterio en torno a sus gigantescas esculturas en piedra. El nombre de Isla de Pascua le fue dado por el navegante neerlandés Jakob Roggeveen, que en un largo viaje iniciado en Holanda y después de navegar por la costa de Chile, la descubrió el 5 de abril de 1722, fecha correspondiente al día de Pascua de Resurrección. Recibió así el nombre de Paasers en neerlandés, que luego fue traducida al español como Pascua. Con este nombre, y sus traducciones, es conocida la isla internacionalmente.

Historia
Según el mito, este primer grupo colonizador fue encabezado por el ariki o rey Hotu Matu’a, acompañado por su familia y aliados. La emigración había sido motivada por catástrofes ambientales ocurridas en la tierra ancestral. En este pequeño y aislado territorio de apenas 166 kilómetros cuadrados, él y su grupo de acompañantes comenzaron un desarrollo independiente y más espectacular que el de la cultura materna.El grupo fundador incluía sacerdotes, que manejaban la astronomía y la escritura jeroglífica -rongo rongo-, así como guerreros y artesanos. Este grupo replicó la concepción polinésica de la sociedad, que consideraba a los jefes como descendientes directos de los dioses, con poderes sobrenaturales -mana-, y protegidos por una serie de reglas -tapu- que los mantenían con varios privilegios en la cúspide de la jerarquía social. Con dicho poder ordenaron el mundo e introdujeron la agricultura de plantas tropicales como el taro, el ñame, plátano, camote, etc., y animales domésticos como la gallina. Hicieron uso de los bosques de toromiro y palmeras, y de las canteras de rocas volcánicas existentes en el lugar. Recolectaron o pescaron productos del mar que los rodeaba.Para la explotación de estos recursos, las tierras fueron repartidas entre los descendientes del primer rey en forma de franjas que abarcaban de la costa hasta el interior. En los sectores costeros levantaron centros ceremoniales -ahu-, donde instalaron grandes esculturas llamadas moai, que representaban a los ancestros fundadores de los linajes. Las estatuas más clásicas se comenzaron a elaborar alrededor del 1000 d.C., alcanzando algunas de ellas dimensiones megalíticas de casi 10 m de alto y 85 toneladas de peso. En torno a ellos, los ariki celebraban las grandes ceremonias y fiestas de redistribución de recursos.El aumento demográfico y una explotación sobredimensionada de los suelos, condujeron a un estrés ambiental que erosionó las tierras y produjo una falta generalizada de alimentos. A raíz de ello, desde el 1600 d.C. se sucedieron cruentas guerras tribales que incluyeron el canibalismo como rito, dejando a la población dividida en dos fracciones y casi al borde de la desaparición. La mayor expresión del conflicto fue la destrucción de los moai. Para revertir el proceso, se debió recurrir a un cambio en la organización social y las estrategias productivas usadas para su conservación, amparado en una nueva religión que ya no valoraba el origen divino de algunos hombres, sino el poder dado a éstos por el dios creador Make Make en las ceremonias del hombre-pájaro o Tangata Manu. Se dio paso a un desarrollo más cuidadoso de la economía, que concentró los cultivos, -que antes se hacían en planicies y terrazas-, en verdaderos refugios, para evitar la erosión.Tal proceso y la sociedad fueron ahora dirigidos por los guerreros de cada grupo -matatoa-, que se intercambiaban el poder anualmente en la ceremonias del hombre-pajáro. En septiembre de cada año se reunía la gente en la aldea ceremonial de Orongo, el nuevo y único centro político, donde los postulantes de cada grupo disputaban el cargo otorgado al jefe de quien volviera con el huevo del ave migratoria manutara, que llegaba en esas fechas a anidar en los islotes que se ubican frente al cráter de Rano Kau. De acuerdo a ello, el ganador elegido asumía un carácter sagrado, debiendo vivir solo y aislado.

 
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